Español / English 01:38 ; lunes 21 octubre 2019

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CUENTO 4. Las Mil y Una Noches

Las Mil y una Noches - 13'01"

Producciones Osoxile presenta:  El gran teatro de maese travieso

Hoy presentamos: Las mil y una noches

El País dice que esta obra es fenomenal.

- Pues Le Monde dice que lo mejor es la chica que hace de Sherezade.

Y el crítico del Herald Tribune lo tiene muy claro. Escucha: Sherezade, la esclava que cada noche curaba el insomnio del gran sultán, contándole una historia hasta que se quedaba dormido, es el mejor papel de toda la obra.

Pues yo siempre me he quedado dormido a los cinco minutos de abrirse el telón. Esta vez, o veo el final , o mañana invito a cenar a todo el público del  teatro.

Sherezade, Sherezade, Sherezade! Esta mujer es como los lavabos de unos grandes almacenes, nunca aparecen cuando los necesitas.

- ¡Oído barra! ¿Me llamabais, señor?

Sherezade, te llamaba. Tengo un problema.

¿Un problema, majestad?

Sí, no puedo dormir. Con esta llevo tres siestas sin pegar ojo.

Sherezade, ¿Por qué no me cuentas un cuento, a ver si me duermo?

Relajaos. Voy a contaros la historia de Fátima. ¡Ay! ¡!Qué paciencia! Escuchad: toda esta historia empieza en un día muy soleado.

Acompañé a mi amiga Fátima al mercado. Recuerdo que me despedí de ella  y la última vez que la vi la dejé junto al puesto de verduras. Por eso, siempre que veo una lechuga me digo: ¡pobre Fátima! ¿Quién iba a imaginar lo que el destino le había preparado? Y después me como la lechuga de un bocado.

¿Y qué pasó?

En la plaza se fraguaba una tragedia. El malvado Alí Baba había ordenado a sus cuatro ladrones que secuestrasen a Fátima.

¡Socorro!

Imposible, Sherezade. Eso era...

¡Bueno! Si me vais a interrumpir todo el rato lo dejamos.

¡No, no, no, no! Sigue con la historia, por caridad.

¿Qué? ¿Habéis cumplido con mi encargo?

Sí, jefe.  La pobre Fátima apenas pudo oponer resistencia.

Bueno, hablemos de trabajo. ¿Cómo ha ido el día?

Estupendo. Este saco está lleno de piedras preciosas.

Y éste está lleno de monedas.

Y este está lleno de oro.

Estupendo, mis fieles ladrones. Id a esconderlo a la guarida.

¿Cuál es la contraseña de hoy, jefe?

“Ábrete, Sésamo”

“Alberto, pésame”?

¡Este ladrón es un zoquete!

“Alberto pésame” o “este ladrón es un zoquete”, ¿en que quedamos?

¡Id rápido! Os espero donde ya sabeis.

 Lo que Alí Baba no sabía es que un muchacho había oído todas sus palabras.

¡Vaya, vaya! La tarde se pone interesante. Seguiré a estos ladrones hasta su guarida.

Aladino siguió a los ladrones a través del desierto. Caminaron y caminaron durante un largo día. De pronto, una música distrajo a Aladino. Buscó su procedencia y encontró a un joven tocando la flauta. Aladino perdió el rastro de los ladrones. Así que decidió acercarse al músico.

¡Eh! ¿Qué haces aquí?

Me llamo Simbad y estoy buscando una joya.

Nunca he visto un pajar, pero buscar una joya en un desierto es como buscar una aguja en un pajar.

Mi joya se llama Fátima. Ayer la raptaron unos malhechores en la ciudad.

Pues puedo decirte que conozco a esos malhechores. Son la banda de Ali Baba, y precisamente ahora mismo les estaba siguiendo hasta su guarida, pero les he perdido el rastro.

¡Yo se donde está su guarida! Pero es imposible acceder a ella. Esta cerrada por una gran roca que sólo se mueve cuando se pronuncian unas palabras mágicas que nadie conoce.

¡Pues entonces estás hablando con nadie!

¿Tú conoces esas palabras?

Guíame hasta allí y confía en mi.

¡Sígueme!

Aladino y Simbad esperaron a que los ladrones abandonaran la gruta y luego se dirigieron a ella. Frente a la gran roca que bloqueaba la entrada Aladino dijo las palabras mágicas.

¡Ábrete, Sésamo!

Fíjate, Simbad, Aquí es donde Alí Baba ha escondido todos los tesoros que han robado a lo largo de tantos años. ¡Está lleno de joyas!

Sí, pero... no está mi joya.

¡Espera! Aquí hay una lámpara de aceite. Si la encendemos quizás encontremos alguna pista. ¡Mira! En esta lámpara hay unas inscripciones.

¿Qué pone?

No se, está muy sucia.

¡Vamos a frotarla!

¡Cielos, que es esto!

¡Pues está muy claro! ¡Es el genio de esta lámpara que has cogido!

¿Quién osa despertarme?

Por nosotros puedes seguir durmiendo.

¡Imposible! Lo empezado empezado está y debe concluirse.

¿Qué quieres de nosotros, genio?

¿Yo? ¿Qué queréis vosotros de mi, querrás decir? Cuando alguien frota esa lámpara me libera de su interior de manera que no puedo volver a ella hasta que he logrado cumplir tres deseos a mi libertador.

Pues queremos, queremos...

Queremos un medio de transporte que nos lleva hasta Fátima.

¡Eso! Y lo suficientemente grande como para poder transportar parte de estos tesoros.

Mmmm... Me lo ponéis muy difícil.

¡Vaya! Nos has ha tocado un genio con poco genio.

¡Ya está! ¡Alehop!

¿Y Fátima dónde estaba?

En el palacio de Ali Baba.

¿Qué quieres de mi?

¡Lo quiero todo!

¿Tanto valgo?

¿Cuánto vale una joya?

Para un niño es más caro un globo.

Tú serás mi joya, y cuando sea viejo y torpe como un niño será mi globo.

Mientras tanto, Aladino, Simbad y el genio se acercaban al palacio de Alí Baba.

¿Al final qué medio de transporte les dio el genio?

¿Aun no lo has adivinado, mi señor?

Fátima está en el palacio de Alí Baba. Detrás de esa puerta.

Genio, si no estoy equivocado nos quedan dos deseos.

A ver... tres menos uno. ¡Si! Efectivamente, os quedan dos.

¡Pues ahora nos quedará uno! Nuestro segundo deseo es que nos quites de en medio a esos cuatro monicacos.

Mmmm... esta vez  haré algo muy sutil. ¡Alehop!

¡Un enorme elefante!

¡Viene hacia nosotros!

¡Huyamos!

¡No huyáis! ¡Si hay un elefante es que hay una feria y si hay una feria es que hay globos!

¿Qué es todo este ruido? Así no hay quien pueda tener a sus rehenes en paz.

Ali Baba, dame a Fátima o date por muerto.

¿Quién es el energúmeno que pronuncia tantas veces el verbo dar ante un ladrón.

Soy Simbad.

No, eras Simbad. Tu tiempo ha terminado.

¡Mira, mira, mira! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma!

Simbad, has venido a rescatarme. ¿Cómo lo has conseguido?

Digamos que ha sido un arranque de genio.

¡Rápido! Libérame.

¡Simbad! ¡Simbad!

¡Aquí! Ayúdame a liberar a Fátima. Aladino, estira.

Me hacéis daño.

Nada, no se puede.

Vamos a probar con otra cosa.

¡Genio, ayúdanos!

¿Es vuestro tercer deseo?

Sí, sí.

¡Alehop!

¡Fátima! Mi joya más preciada.

¿Soy tu mayor joya?

Sí, eres la más grande y la más pequeña, porque cuando estoy contigo mi corazón se hincha como un globo.

¡Menudo globo lleva Simbad!

Ya he cumplido vuestros tres deseos. Y ahora... Lámpara... mi casa. Es hora de partir. Me habéis caído bien. Así es que os concederé gratis unos deseos que jamás había ofrecido antes a ningún mortal.

¿Riquezas?

¿Poder?

No, no... ¡mis mejores deseos! (era un acudit). ¡Hasta otra, amigos!

¡Hasta otra! Creo que echaré de menos al genio.

Sí, al final ha resultado ser un genio muy agudo.

Así acaba la historia de Aladino, como podéis ver es una historia real como la vida misma. ¿Me oís, sultán? ¡Vaya! Se ha dormido. Me pregunto si alguna vez ha escuchado el final de alguna de mis historias.

¡Maldición He vuelto a perderme el final.

¡Cállese! Aquí no hay quien duerma.

¡Silencio!

¡Por favor!

Bueno, ya lo intentaré mañana.

GUILLEM MARTÍNEZ
© Guillem Martínez
(CC) Carmelo Hernando

 

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