Español / English 21:58 ; viernes 23 agosto 2019

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Carmelo... ¡Ay, mi Carmelo!

Carmelo... ¡Ay, mi Carmelo!

Si hay una vida aprovechada a tope en experiencias culturales de corte artístico y publicaciones intelectuales de tipo novísimo, esa es la vida de Carmelo Hernando. Se la ha pasado más que nada experimentando. Experimentando con la imagen seriada, experimentando con el color, experimentando con la fotografía, con el vehículo gráfico de la información, con el diseño de los objetos, con el objeto del diseño. Y es que a Carmelo su trabajo le encanta. Es que disfruta, oigan, Es que es un arte. Vean, vean lo en serio que se lo toma.

“Nací en el 54 en Haro, en la Rioja. Allí estudié las primeras cosas, hasta que a los nueve años marché a Vitoria, donde, interno en un colegio, hice hasta Preu. De siempre había querido yo estudiar bellas artes. En cuarto de bachiller pintaba ya cuadros de Miró o de Kandinski. Mi ilusión era ir a Madrid e ingresar en la Escuela de San Fernando, que era la que tenía más nombre. Y lo conseguí. Pasé el examen de ingreso, bastante duro, por cierto, y me instalé en la villa y corte.

En Madrid, vivía en un colegio mayor. Imagínate el año 72 y la vida universitaria de entonces. Ahora me doy cuenta de que la carrera en si no me interesaba mucho. Más bien me dedicaba a informarme, a leer mucha prensa, mucho cómic, a ir practicando... Al poco tiempo un grupo de gente del colegio y otros que trabajaban en Onda 2, la radio, ya sabes, nos pusimos a la tarea de recuperar una revista que había tenido el centro y le dimos nuestro propio aire. Fue la primera revista de la cultura rock, una publicación en la que por primera vez se hablaba de Alice Cooper, de Lenon, de Genovés, etc. La sacamos a la calle durante un año, doce números, hasta que problemas con el ministerio nos obligaron a cerrar. Más tarde, en el 75, año de la muerte de Franco, apareció otra revista, Ozono, en la que volvió a encontrarse gente muy interesante. Durante los cuatro primeros números fui el responsable estético, de diseño y demás, de la publicación. Después llegó la hora de la mili y tuve que dejarlo para marchar a Murcia.

Allí, mientras pretendían enseñarme malamente a ser soldado, realicé mi primer trabajo responsable, el primer trabajo de autor. Fue un cómic titulado “Quién mató a Norma Jean?” que apareció publicado en la revista “Zoom”. Quiero decirte que mi interés por el cómic no nace de la lectura de los tebeos de cuando era niño. Yo entro en la historieta por ejemplo con autores como Guido Crepax, que se preocupan del lenguaje, del cómic como expresión de unos contenidos de tipo intelectual. Y yo llegué a él precisamente por un reciclaje intelectual, al darme cuenta –es otro ejemplo- que Mao lo había utilizado para su revolución cultural, que tenía una dimensión creativa a la vez que comunicativa. Me interesaba estudiar las imágenes del cómic, en suma.

En el año 78 me presento en Barcelona y entro a trabajar en “Star”. Mi posición intelectualista en cuanto al cómic se vuelve más popular; es el tiempo de la estética punk y en esa onda me muevo durante el año en que soy responsable de la revista. Después, continúo haciendo una labor parecida en “Vibraciones”. Mi aportación a estas publicaciones es en general más de visión plástica que de colaboración literaria, pero también escribo algunas cosas. Desde que había llegado a Barcelona, por otra parte, me había ido relacionando con gente del mundillo de la historieta y así surgió un grupo de gente muy maja que convivía, hacía trabajos en conjunto y estaba fascinada con los Humanoides Asociados de París y otros colectivos que habían conseguido sacar su propia publicación y dar rienda suelta a sus ideas. Nos convertimos en la Astronave Pirata y bajo este nombre trabajábamos en común. A finales del 80 Ikusager sacó un libro, “Astronomía Pirata”, que recogía parte de estos trabajos, pero, por desgracia, la distribución fue muy mala y la difusión prácticamente nula.

Al poco, en el 81, dejé de trabajar en “Vibraciones” y, después del fracaso de la “Astronomía Pirata”, también en el cómic para dedicarme al color, a experimentar con el color. Quería trabajar con otro tipo de literatura de la imagen y escogí el fotomontaje. Tuve bastante suerte con la exposición que de estas obras hice al año siguiente, en el 82.

¿La pintura? Bueno, en esto me ha pasado lo que ha muchos. En los sesenta la rechazan porque, al participar activamente de la cultura pop, sólo me interesaba la imagen seriada. Sin embargo, ahora que me interesa mucho trabajar con el color, he vuelto a sentir deseos de pintar. Me he pasado muchos años estudiando la imagen; ahora, lo que me apetece es “crearla”.

•  Carmelo, ¿eres un moderno?

•  Pues sí, soy moderno, me parece bien. No sé por qué tiene esa palabra un sentido peyorativo. Todos nos tendríamos que considerar modernos y estar siempre “à la page”. Es una cuestión de espacio-tiempo, como demostró Einstein con la ley de la relatividad.

•  ¿Eres un hombre de ciudad, un urbanita?

•  En absoluto. Más bien me considero un prisionero de la ciudad. Lo que a mí me gustaría es vivir en el campo y que el año tuviera de verdad cuatro estaciones y que hubiera animales. Es una postura vital.

•  ¿Trabajas mucho?

•  Trabajo siempre. Por que me gusta lo que hago. Entiendo mi trabajo como un arte y disfruto de él.

•  ¿Y cuando no trabajas...?

•  Cocino, voy al monte, a la playa, al cine, a un concierto rock, lo normal...

•  ¿Cuál es tu ideología política?

•  Mira, la política es algo que no va con mi sensibilidad. Lo mío es la poesía, y la poesía y la política no tienen absolutamente nada que ver.

•  Lo malo es que la política siempre tiene que ver con uno.

•  Sí, sí, pero siempre he estado lejos de ella. Yo sólo he militado una vez en un partido y fue en Madrid en un partido ecologista. Por supuesto, además, me ocupaba únicamente de la parte creativa. Quiero decirte con esto que conozco a Marx y a Freud y que para mí, Hitler es la encarnación humana del diablo. Pero yo simpatizo con todos los humanos, de izquierdas y de derechas. Yo practico la poesía. Mis términos no son políticos, sino poéticos. No es una cuestión de despreocupación o de pasar. Mira, si algo soy, es cristiano. Soy cristiano porque me han educado como tal. En realidad, yo siempre digo que soy cristiano y franquista. Hecho en tiempos de Franco, como una determinada silla que se llama “Luis XV” y fue creada en su espacio y en su tiempo así, con su estilo “Luis XV”. Eso es lo que había y lo que me han enseñado a ser.

•  Hombre, todo se supera. Tú eso lo dices como una frase literaria pero en realidad ni siquiera creerás en Dios, me imagino...

•  Yo creo en Cristo, que fue un personaje alucinante. Debía venir de una inspiración hinduista. Me parece torpe no creer en los misterios. Los misterios están muy bien. Dios no es sino un pensamiento comunitario de la raza.

•  ¿Eres un “enfant terrible”?

•  No. Yo no pretendo ser nada. Si tengo algo de ello será porque efectivamente soy así, pero no porque yo lo busque.

•  Pero te gusta epatar...

•  ¿Por qué? No. En absoluto. ¿Crees que he intentado epatarte a tí?

•  Hombre, no, pero siempre hay que hacer alguna pregunta...

•  Capciosa.

•  Eso, capciosa. ANA SALADO

© Rambla, 1984