Español / English 14:24 ; sábado 24 agosto 2019

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Artículo sobre la exposición "Palobras"

VISIONES DEL SUBCONSCIENTE

A Carmelo Hernando (La Rioja, 1954) le cuesta exponer. En sus 16 años de trayectoria artística sólo lo ha hecho en dos ocasiones. Ahora, no obstante, hasta el 6 de febrero, expone obra reciente en la barcelonesa Sala Vinçon. Fotomontajes recientes bajo el título Palobras. En el Cast Iron Gallery de Nueva York, hasta el 18 de febrero, se exhibe una retrospectiva, también, de sus fotomontajes. En 16 años, una trayectoria coherente y sólida en un campo poco frecuentado en el arcano universo del arte. 16 años y sólo dos exposiciones. Hernando abre con estas dos nuevas muestras una nueva etapa. Parte de su radicalidad ha quedado al margen. A partir de ahora, Hernando pone toda su obra anterior, entre 500 y 600 fotomontajes, a disposición de su público (los precios oscilan, según la calidad y el tamaño, entre las 35 mil y las 300 mil pesetas).

“¿Qué es el arte?”, preguntó un alumno de Bellas Artes. “Morirse de hambre”, contestó otro. ¿Pero además de eso...? Una posible definición seria quizá, la de retratar la sociedad del tiempo en que vivió el artista. Y eso es lo que hace, precisamente, Carmelo Hernando. Eso es lo que hicieron, a su modo, los dadaístas, y Josep Renau, y Heartfield, referencias imprescindibles, entre otras, del quehacer de Hernando, un cronista iconográfico de su/nuestra época. En sus fotomontajes, lo onírico y la crítica se funden, siempre en el contexto de un lenguaje visual estético y directo. Heratfield reflejó en su obra el periodo de entreguerras. Renau lo hizo con la postguerra española. Hernando plasma en sus fotomontajes la sociedad española, una sociedad que, a diferencia de la de la primera mitad del siglo, ya no es blanco y negro, sino color. Su mirada, su arte, pretende mostrarse clarmente español. Por ello, él lo reconoce, en sus iconos imperan las imágenes americanas, “porque formamos parte del imperio y estamos inmersos en él”, asegura. En su obra siempre está implícito el consumimo. En realidad, podría decirse que Hernando utiliza el mismo lenguaje formal que utilizan los anuncios, los clips, cierta televisión... No obstante, un anuncio y un fotomontaje de nuestro protagonista son perfectamente antagónicos por sus contenidos y por sus mensajes. La obra de Hernando no está exenta de una cierta y agradable dosis de provocación.

Hernando procura, ya lo hemos citado, retratar la evolución de España en su obra. En su mundo no hay lugar para la pintura (aunque en el total de su obra constan 10 o 12 lienzos). En su propuesta sólo tienen cabida aquellos materiales que forman parte del mundo de los estertores de este milenio. Para él, la pintura es un fósil. Sólo le gusta António López. Aunque Hernando no pretende la realidad, sino lo surreal. Cirici Pellicer dijo de él que trabajaba con un metalenguaje, porque su arte era una especie de literatura de la imagen. No cabe duda de que otra de las referencias imprescindibles en su producción es la magia de Magritte. Es difícil hallar en el panorama nacional e internacional artistas homónimos o que se muevan en campos afines al de Carmelo Hernando. Algunos ejemplos, cogidos por los pelos, serían los de Kimura Kamera, Laurence Lacina o, ya en nuestro país, Angel Jové o América Sánchez. Por otro lado, en la obra de Hernando destaca un cierto minimalismo, un ahorro de energía que condensa en una imagen una o mil ideas, con certera afinación. Ese minimalismo es paralelo al de artistas como Brossa o Carlos Pazos, que en tres dimensiones definen nuestro/su mundo...

Una forma muy pertinente de aproximación al universo de Hernando, además de sus exposiciones, es a través de Miedo al arte - Fear of art. ¿Es un libro? ¿Un juego? ¿Una tomadura de pelo? ¿Una cámara de descompresión, cómo dice el inefable Ramón de España, para huir de la realidad? Posiblemente, Miedo al arte sea un poco de todo eso. En los 90 naipes que forman este singular libro, observamos una antología de obras de este creador, 90 visiones del subconsciente. Son de nuestro agrado Técnicos aplicados III -en la que un doctor con cabeza de cerdo opera a un perro-, Ofrenda espacial -con esos particulares toros interestelares-, Comerciantes del cuerpo I -el bello y desnudo torso de un hombre con cabeza de oso polar-, La maquina viva -un extraño sexo femenino cibernético-, El mono blanco -Copito de Nieve convertido en King Kong-, Millonarios famosos, Religiosos en crisis IV... También nos gusta, entre otras, El año de la revolución industrial, de la serie Libros Icónicos. A Hernando le gusta construir imágenes chocantes mezclando mundos contrapuestos. Todas las imágenes son claramente identificables. El Pop-Art, el mundo del cómic, de la publicidad... son afines a la obra de Carmelo Hernando. El mundo de los sueños y de lo real se funde en su obra y es difícil hallar la frontera entre ellos. Carmelo Hernando no ha inventado nada nuevo. En cierta forma, busca explicar su época, la concepción y el análisis que de ella él ha construido, a través de imágenes sugerentes y, al unísono, impactantes. Sus fotografías resumen sensaciones universales, sensaciones particulares, sensaciones arcanas. ¿O quizá es únicamente un ejercicio estético para ayudarnos a huir de nuestra a veces asfixiante cotidianeidad? A Hernando le gusta ser o aparentar se alguien que huye de lo que se entiende por arte con mayúsculas. Como en el caso de Miró, aunque desde una perspectiva distinta, la intención de Hernando es hacer un arte próximo a la gente, presente en los medios de comunicación. El público de su obra no es una minoría elitista, sino la gente que lee revistas, que ve la televisión. Una de las cosas que más agradaría a este peculiar artista es que, delante de sus fotomontajes, la marujas dijeran... “¡Que mono!, ¿no?”. Lo dicho: no es nada nuevo, pero... ¿No les parece encantador?


PEDRO BURRUEZO
© Pedro Burruezo
© CLASS, nº32
Barcelona, 1993