Español / English 13:49 ; sábado 24 agosto 2019

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Entrevista sobre la exposición "La Rioja, tierra abierta"

Entrevista


- ¿Crees que el comisariado de una muestra de estas características permite una forma de expresión?

 - Sin duda. Una de las teorías de vanguardia del S.XX que más influencia ha ejercido sobre nuestro tiempo actual es la generada por Marcel Duchamp y su relectura del “objeto encontrado”. Sus ojos encontraban un viejo paragüero, su mente ideaba otra visión de ese cachivache y lo “exponía”, de forma nueva, a la visión del público interesado en el arte. Hoy esa “obra de arte” clave y valiosísima ocupa un lugar preferente en el museo de arte contemporáneo de París, en el Beaubourg. En La Rioja: Tierra Abierta no hemos trabajado con “objetos encontrados”, aunque en algunos casos puntuales ha sido literalmente así, sino con “objetos buscados”. El equipo de historiadores y asesores iba a la busca y captura de “las piezas” representativas o necesarias de cada periodo según criterios científicos propios del mundo académico. Esa valiosísima preselección llegaba a mis ojos en forma de imágenes, fotos en blanco y negro primero, en color posteriormente y, solo entonces, a la vista física y formal de la pieza se tomaba la decisión de su inclusión en la exposición. Las obras y los documentos debían hablar por si solas y unas ganaban a otras según la cantidad de “atracciones” que molecularmente contuvieran.

- ¿Qué experiencias has tenido en exposiciones anteriores?

- Tengo que desdoblar esta pregunta. Dejando aparte 13 exposiciones colectivas en las que he participado con mayor o menor grado de implicación, distingo claramente dos áreas de experiencia.

A. Exposiciones individuales de mi obra: Entre los años 1982 y la actualidad he montado seis, tres en Barcelona, una en Nueva York, otra en Logroño y la última abierta este verano en Oviedo.

B. Comisario (odio esa palabra) de grandes exposiciones, la primera en La Lonja de Valencia (Edificio gótico civil), la segunda en el Puerto de Barcelona (en el interior del buque mercante Rey Favila) y ésta, motivo de nuestra conversación, en la Catedral de Calahorra, tres grandísimos y muy diferentes contenedores.

- ¿Cuál es el concepto básico para la creación de esta exposición?

- Ser fiel a la formulación del encargo. Cuando Luís Vicente Elías, primero, y el patronato de La Fundación, después, definieron claramente el contenido de mi trabajo, todo empezó a ir en la buena dirección. No es corriente que “el cliente” tenga tan claro “lo que quiere”, cuando esto sucede el trabajo posterior alcanza sus mejores resultados. Caja Rioja me pidió una exposición “que comunicase bien” a todos los públicos y ese es el concepto básico que subyace en todo el proyecto. El reto era Rigor, sin frivolidad, pero Divertido. Hemos tratado, y parece que lo hemos conseguido, que este paseo por la historia sea tan entretenido como una buena película o un buen concierto. Una exposición de estas características está inmersa en los nuevos conceptos de Industria Cultural, es de hecho un producto cultural, debe ser atractivo y debe satisfacer al cliente, sea inquieto y curioso como un niño o exigente y erudito como un catedrático.

- Tú eres conocido, sobre todo por tu labor de diseñador gráfico, fotomontador, realizador de innumerables portadas para revistas y publicaciones, etc. ¿Cómo has concebido el diseño gráfico en la exposición y, aún más, en las publicaciones?

- La imagen corporativa tiene dos fuentes claras. Una es esta especie de “carta de ajuste”, bandas horizontales de color, que sirve variable, para definir la muestra. Cromatismos que hablan de historia y de naturaleza. La otra es de concepto tipográfico, las capitulares del Códice 16 componiendo las palabras “La Rioja”, han sido tratadas en el ordenador y rodeadas de un halo
outline con el mismo azul estelar de la constelación de las Pléyades, algunas de cuyas estrellas exteriores acompañan siempre a la marca. Todo esto sobre negro y debajo las palabras “Tierra abierta” escritas en idiomas muy próximos y muy lejanos con caracteres latinos o no (casos del hebreo, el árabe, el ruso y el japonés). Este poliglotismo quería definir la intención de nuestro proyecto, La Rioja abierta a todo el mundo.
 
Por otra parte, la publicación que editamos siempre fue tratada de forma autónoma y paralela a la exposición. Es un libro de formato standard, digamos Tintín, con un contenido en la línea de claridad pedagógica y calidad estética de las modernas enciclopedias británicas. Conceptos a doble página, tres tipos de lectura y cantidad de imágenes tratadas en función de su expresividad. Nuestro libre tiene, además, una sorpresa dentro, en formato CD Room, hay otro libro muy ambicioso, con infinidad de ensayos históricos sobre nuestra tierra, un trabajo coral dirigido por el catedrático de Historia Antigua Don Juan González Blanco, donde se exponen las bases de lo que sabemos hasta hoy, en la confianza de que todos los conocimientos expuestos serán superados en los próximos años a medida que avancen las investigaciones sobre nuestro pasado.

- ¿De qué equipo te has rodeado para dirigir la muestra?

- El equipo es numerosísimo y básico en cada una de sus aportaciones. Preside el gran ploter que hay a la entrada de la exposición y ocupa varias páginas del libro. Voy a resumirlo con los más próximos a mi. Nunca hubiéramos podido arrancar sin el pre-poyecto elaborado, bajo la dirección de Antonio González, por su equipo de colaboradores, pero llegado el momento de la verdad, con el cronómetro puesto en marcha y dada la complejidad y magnitud del proyecto, tuve que cambiar la palabra “comisario” por la de “comisariado”, y ahí entran en juego dos jóvenes historiadores cuya labor ha sido imprescindible en todo el proyecto: Cristina Saenz de Pipaon y Francisco Burgos. Luego, llegó el momento de Isabel Ezquerro, cuyo trabajo de diseño expositivo ha sido de enorme calidad e igualmente imprescindible. Fuimos necesitando más ayuda y se incorporaron José Antonio, Magda, Mª Angeles, Dani y Fito y, luego, tres meses antes de la inauguración, nuestro hombre en la obra José María Garces, Chema. Así que éramos diez personas trabajando larguísimas jornadas. En algunos momentos, el trabajo se nos metía en la cama y soñábamos con problemas y soluciones. Fue una auténtica odisea.

- ¿Qué papel juega la arquitectura en la exposición?

- Una cosa es idear un proyecto de recorrido unidireccional a dos alturas y otra hacerlo realidad estructuralmente, y ahí estaban, desde el principio, esos dos magníficos arquitectos Ana Achiaga y Antonio del Castillo que de las dificultades hacen virtuosismo. La fase del hierro, invisible al final, fue terrible y sombría, nos parecía interminable, retrasaba nuestros planes, pero finalmente acabó.

La estructura estaba lista y llegaba el momento de la piel. En un principio toda superficie de la exposición iba a ser blanca.

Fuimos Ana, Antonio y yo a comprar la madera y allí se nos apareció la textura del chopo laminado, era noble como el mejor mármol y además cálida cromáticamente combinaba de la mejor forma posible con la piedra del interior de la catedral. Luego, el laboratorio de Barpimo inventó los barnices protectores para el chopo sin alterar su aspecto y ¡voilà!... entraron en juego los carpinteros, los electricistas, los herreros, pintores, cristaleros, etc. Achiaga y Del Castillo hicieron de un proyecto virtual, una realidad que lo superaba. Además, su humanidad extraordinaria fraguó un ejercito de operarios de todos los gremios que se dejaban la piel y, lo que era mejor, mimaban la calidad de la obra. Les he visto deshacer algo ya terminado para resolverlo mejor. Hemos quedado “amigos para siempre” y de “nuestro ejército” lo mejor que se puede decir es que, cuando llegaba el momento, nos emborrachábamos juntos de mala manera, tu mismo participaste en algunas de esas catarsis felices.

- ¿Aparte de los estéticos y estructurales, que condicionantes te ha planteado trabajar en una catedral?

- Pocos realmente, quizás el encajar algunos elementos de la propia catedral dentro de un recorrido que además de unidireccional, estaba ordenado cronológicamente. Aparte de la impresionante y acogedora cobertura de las bóvedas, ahí están La Puerta de San Jerónimo, El Retablo de la Inmaculada y El magnífico Coro con la sillería de nogal. El Obispado y el Cabildo han sido francamente espléndidos en todo el proyecto, no sólo no han puesto trabas ni condicionamientos a nuestro trabajo, sino que nos han ayudado, en todo, a lo largo del camino.

- ¿Para ti es más importante mostrar la vida ordinaria o la oficial? ¿La religiosa o la civil?

- La pregunta conlleva la respuesta. La “vida” es todo eso y se despliega en un contexto físico y biológico. Todo se interrelaciona, todo se es necesario para bien o para mal. De otra parte es fácil entender que todo aquello que represente a la vida ordinaria y civil de tiempo más o menos remoto es más vulnerable a la hora de desaparecer. Lo cotidiano se destruye prácticamente en una sola generación, lo extraordinario, lo valioso, lo representativo, lo que nos sobrevive y perdura a lo largo del tiempo suele pertenecer a clases dirigentes sean de orden civil, oficial o religiosa.

De cualquier manera, hemos intentado representar todo ello y a veces el propio entorno natural, caso evidente en los tiempos remotos del espacio uno y en los pájaros y peces del espacio ocho.

En una exposición novedosa en cuanto a la forma, ¿qué parte juega la tecnología? Es un componente básico, muy importante. Todo el proyecto es un ejercicio de síntesis y esto según la vieja dialéctica clásica es el resultado de un encuentro explosivo y feliz entre la tesis y la antítesis.

Hablo por supuesto de un nivel “formal” no ideológico. Combinar Códices del siglo X con Internet y televisión. Resucitar a los dinosaurios y a los hombres primitivos con técnicas informáticas de tres dimensiones. Concentrar los retablos de nuestras iglesias en un cubo audiovisual regido por un programa informático. Purificar y enfriar el agua de un acuario para poder mostrar en “su ambiente” a la trucha autóctona o al barbo de montaña.

Ahí está la teoría a lo largo de toda la exposición, unas veces de forma bien visible y otras imperceptibles: sistemas de seguridad, iluminación con fibra óptica, aparatos sofisticados de control de humedad y temperatura.

Espero y parece que es así, que todo esto forme un cuerpo con las piezas expuestas y el contenedor arquitectónico.

- ¿Tu labor de comisario ha sido libre o ha habido imposiciones de criterios, obra u objetos a exponer?

- No hubo ninguna clase de imposición en ningún momento, es más, me gustaría dejar constancia del respeto y la elegancia con el que nos han tratado tanto nuestro patrón principal Caja Rioja como el resto de instituciones implicadas La Diócesis o El Gobierno.

En determinados momentos se nos sugirieron algunas piezas, hubo unas que fueron bienvenidas y otras amablemente rechazadas.

- ¿Tienes alguna parte de la exposición más querida o algunas obras que te hayan conmovido al verlas expuestas en estas magníficas vitrinas?

- Muchas, el Iguanadón adolescente, la vitrina de los ámbares, la de tierra Sigilata de Tritium, la cueva de Nalda, la vitrina medieval de las tres culturas, la de esculturas de tres escalas del renacimiento del barroco, el catálogo de telas de la real fábrica de Ezcaray, la vitrina del padre Risco, el salón de pintura del S.XIX, las tres vitrinas del vino, los cuatro acuarios de los rios... Si me vuelves a realizar la pregunta otro día igual te doy otra lista...

- ¿Qué ha sido lo más difícil de esta exposición?

- Sumar voluntades, informaciones y esfuerzos ajenos a nuestra propia organización. Convencer a gente externa de que éste era el proyecto colectivo de todos.

- ¿Te has dejado algo en el tintero que te hubiera gustado exponer?

- El Velázquez de Texas, el hábitat del visón europeo, el santo de eremita de Ibercaja, el mosaico tardorromano cristiano del Arqueológico, las pinturas de Amberes y Lyon, etc. Siempre hubo razones de peso para renunciar y otra solución posible igualmente válida.

- ¿Crees que una exposición de este tipo fomenta el sentido nacionalista?

- Espero que no, odio este concepto. Lo que sí esperamos y deseamos es que fragüe nuestra identidad, que nos haga sentirnos orgullosos de nuestro pasado común y de nosotros mismos. Ambicionamos que las tres Riojas alta, media y baja se vean en un mismo espejo: en esta exposición. Hemos trabajado intensamente en contar todas las Riojas posibles, de montañas y de valle, de Castilla y de Aragón, de los árabes y romanos, de lérones y vascones, de unos y de otros. Esta comunidad definida geométricamente hace aproximadamente 150 años debiera de permanecer siempre fiel a si misma, abierta en el corredor del valle del Ebro.

- Esta es la exposición de la vida de una tierra y sus gentes, tú que trabajas principalmente en Barcelona, ¿qué opinión te merecen, después de esta experiencia tan cercana, tu tierra y sus gentes en el 2000?

- No sólo trabajo, sino que vivo hace veintitantos años en Barcelona.

He descubierto una “sociedad civil”, probablemente generada en el entrono metropolitano de Logroño, impresionantemente preparada, puesta al día, y capaz de cualquier meta que se imponga a sí misma de forma colectiva. Ha sido una experiencia fantástica y creo estar seguro de haber hecho nuevos amigos. Gracias a todos por su apoyo y la indudable calidad de su trabajo.


JESÚS ROCANDIO
© Jesús Rocandio
© EL PÉNDULO, nº septiembre
Logroño, 2000