Español / English 14:34 ; sábado 24 agosto 2019

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MANIFIESTO. 2000

En nuestra tierra gozamos de una tradición oral realmente extraordinaria. Todo se habla, se discute, se argumenta y se cuestiona. Los filólogos encuentran aquí una fuente inagotable de dichos y refranes cuyo origen se pierde en tiempos remotos. De muchos de ellos desconocemos su procedencia, pero los utilizamos para reforzar una opinión como si fueran su conclusión definitiva. Y, a veces, la realidad supera, con el tiempo, a su significado original.

Tengo la satisfacción de comunicarles en estas líneas el fin de uno de ellos. Hasta ahora decíamos lo de “en casa de herrero, cuchillo de palo” y, sin embargo, en mi caso, al volver a mi “herrería”, he podido comprobar que el cuchillo no era de madera sino de oro.

Del mejor de los metales está hecha mi gente. La afabilidad y el rigor con el que centenares de personas han entregado su conocimiento o su oficio a este gran proyecto lo blindan, dorado y bien bruñido, para que cumpla su objetivo: comunicar nuestra historia y nuestra manera de ser.

“La Rioja. Tierra abierta”, se compone de historia, biología, arte y tecnología planteados de una manera divertida y amable, sin rozar ni una sola vez la línea de la frivolidad. Ha sido fascinante recorrer el tiempo buscando los pequeños o grandes tesoros que, agazapados, estaban ahí esperando ser mostrados. Ha sido apasionante realizar este trabajo coral, que estamos convencidos que va a ser de su agrado.

En estas palabras quiero citar dos elementos esenciales de nuestra exposición cuyas características tecnológicas exceden de las posibilidades de estas páginas.

En primer lugar, el retablo de la lengua o portal del idioma español que, en el corazón de la muestra, comunica a la pequeña comunidad de Suso, allá por el siglo décimo, con los millones de personas que, hoy en día, enriquecen nuestro idioma común.

En segundo término, el cubo dorado del Renacimiento al Barroco: Un embriagador espectáculo audiovisual en el que hemos concentrado la infinidad de tesoros artísticos que contienen los retablos de nuestras iglesias en uno de los momentos de mayor esplendor de nuestra Diócesis, a caballo entre los siglos quince y dieciocho.

Por último, quisiera señalar una feliz coincidencia que enmarca nuestro recorrido expositivo. Un fósil de hace 500 millones de años y una florecilla actual de las cumbres de la Demanda se denominan como nuestra tierra, en su calidad de especies autóctonas. Abrimos la exposición con la Riojaya Perezi y la cerramos con la Androsácea Obtusifolia Rioxana. Nunca pude imaginar tal cosa. Hasta en estos detalles la exposición nos lleva al asombro. Definitivamente, la realidad ha superado la ficción.

Espero que disfruten de todo ello.



Carmelo Hernando, 2000