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Texto de José Mañá en el libro "El oficio de vivir". 1998

Un ilustrador hacedor de objetos

La apreciación de la técnica y de las creaciones materiales –y en consecuencia del objeto- que se ha producido al unísono con la progresiva implantación de la sociedad industrial, es uno de los rasgos más significativos de la cultura occidental de los dos últimos siglos.

Como ha señalado Tomás Maldonado en su estudio sobre los presupuestos y antecedentes históricos del diseño industrial [1], el novedoso enfoque filosófico del pensamiento ilustrado en la valoración de las artes mecánicas, frente a su proverbial menosprecio en relación a las artes liberales, con todo lo que éste comportaba de limitación del concepto de cultura y de discriminación social, fue el detonante del mencionado proceso de consideración que se irradió y encontró expresión en las más variadas disciplinas.

En el ideario de la pedagogía moderna, dicha explicitación se expresa en la importancia que ésta otorga a la educación de las habilidades manuales como una faceta indispensable para una formación integral [2].

La geografía y la economía política plasman la citada tendencia a través de su visión de los medios y las relaciones de producción, así como el influjo de éstos en la configuración de las principales ideologías contemporáneas. Dentro de las coordenadas de la teoría y de la praxis marxista, hay que señalar la significativa formulación del concepto de cultura material por parte de O. Brik (1888-1945), impulsor de la enseñanza productivista de la Vhutemas (talleres de Enseñanza Superior del Arte y de la Técnica creados en 1920 en la Unión Soviética) [3].

La arqueología prehistórica, con el establecimiento, por parte de sus fundadores los daneses C.J. Thomsen y Worsaae, de las progresivas cronologías arqueológicas (la edad de la piedra tallada, “paleolítico”; la edad de la piedra pulida, “neolítico”; la edad del cobre, “calcolítico”; la edad del bronce y la edad del hierro), así como la clasificación de las sociedades según su nivel de desarrollo técnico, formulada por los etnógrafos anglosajones E.B. Tylor y Lewis Morgan, con sus hoy en día obsoletas catalogaciones (estadio de salvajismo, de barbarie y de civilización), son significativas del rol otorgado al factor material y técnico [4]. Entre las ciencias de la prehistoria también hay que destacar la significativa denominación homo habilis que dieron los antropólogos y los paleontólogos Leakey, Tobias y Napier a un homínido capaz de construir herramientas de piedra, situado a un millón ochocientos años en la cadena de la filogénesis del hombre actual [5].

  Los museos folclóricos y de etnografía, organizados con la intención de ilustrar la idiosincrasia de las formas de vida tradicionales y de las culturas no occidentales, así como los museos de artes decorativas, creados con la voluntad de mostrar y valorar las cualidades técnicas, materiales y estéticas de las manufacturas, ambos con su extenso repertorio de objetos, son reflejo y exponente de la valoración cultural y patrimonial de las creaciones materiales.

El arte contemporáneo y el diseño han constituido otros ámbitos donde las visión y la consideración del objeto han propiciado fértiles y sugestivos análisis y aportaciones.

Como ha expresado la crítica de arte Pilar Parcerisas, “La fascinación por el objeto en un amplio abanico de acepciones y significados ha abierto el arte de los últimos cien años a unas vías insospechadas de experimentación, las cuales han cambiado la dialéctica sujeto/objeto, de manera que, a finales del siglo XX, podemos decir que la objetivación del sujeto ha desplazado la subjetivación del objeto o –lo que vendría a ser lo mismo- que ya no podemos hablar del objeto como obra de arte sino de la obra de arte como objeto”[ 6].

La aportación de los creadores dadaístas y surrealista (Arp, Duchamp, Ernst, Oppenheim, Miró, etc.) con los llamados “objet trouvé” y “ready made”; las propuestas de los creadores pop (Oldenburg, Warhol, etc.); los poemas-objeto de Joan Brossa, las esculturas minimalistas de Donald Judd, etc., son ejemplos representativos del protagonismo y de la valoración del objeto en el arte del siglo XX.

Si el arte ha vindicado y explorado la dimensión estética y expresiva del mundo objetual, la teoría del diseño ha puesto énfasis en las variables del ecosistema hombre/objeto considerando a este último como el elemento matriz configurador del entrono artificial.

Sirva asimismo la anterior y sucinta amalgama de referencias para reseñar la multiplicidad de las visiones y de las aportaciones disciplinares que confluyen en el significado de lo que, a partir de un concepto general y desde la perspectiva de la teoría del diseño, se ha convenido en llamar la cultura del objeto.

La aproximación valorativa y crítica a la obra objetual de Carmelo Hernando conlleva como premisa natural e ineludible el inscribirla y el analizarla bajo la dimensión polisémica de la reseñada cultura del objeto, ya que sus creaciones expresan y materializan la madurez de la conciencia del homo faber en relación con las implicaciones y propiedades mitopoéticas subyacentes a las creaciones materiales e iconográficas de todas las épocas frutos de la necesidad, del placer o del deseo.

Carmelo Hernando es un hacedor de objetos que aúna un gran criterio y sensibilidad plástica con un gran conocimiento en relación con lo que éstos son y lo que significan.

Espíritu inquieto e investigador, como un alquimista intenta trasmutar la realidad material hacia una dimensión sensible para dotar a dicha fisicidad de la máxima irradiación simbólica y expresiva.

Su conciencia de la naturaleza, del poder evocador y de la dimensión poética de los objetos es lo que le ha convertido en un diseñador especialista en proyectar objetos de alta densidad significativa.

Ejemplos de esta dedicación son sus múltiples propuestas relacionadas con la imagen corporativa de empresas e instituciones así como sus originales creaciones de mercadería cultural.

Carmelo Hernando ha sido un precursor, o lo que es lo mismo, un impulsor, creador y definidor [7] en relación con lo que ha sido la introducción, en nuestro contexto, de la novedosa tipología y repertorio de objetos relacionados con el consumo cultural consecuencia de la reciente dinámica de extensión y de dinamización de los centros museísticos y culturales con su profusa oferta de actividades y de exposiciones temáticas y temporales.

Como profesional inscrito en una práctica y en un ámbito de diseño innovador, Carmelo Hernando, frente a la inexistencia de unas sistemáticas preestablecidas, ha desarrollado unas práctica y metodologías de trabajo propias fruto de su inteligencia, de su manera de obrar exigente y de la rica experiencia de su trayectoria artística.

De estas sistemáticas procesuales y manera de hacer características reseñaríamos una rigurosa y exhaustiva fase de definición conceptual y de investigación previa de carácter histórico, literaria, etnográfica, etc., así como una gran atención a los materiales, a sus propiedades organolépticas y también a la calidad de su factura y de los acabados.

Con un gran sentido de síntesis, Carmelo Hernando funde el diseño bidimensional con el tridimensional, o lo que es lo mismo, la dimensión icónica y visual con la textural y matérica.

Creador experimentado en la práctica del fotomontaje y del collage, Carmelo Hernando es un bricoler y un reciclador de formas e imágenes que siguiendo el criterio de uno de sus maestros predilectos, Joan Brossa, considera que la imaginación consiste en hacer emerger y dar nuevas dimensiones a lo existente.

Inscrito en una actitud contemporánea que asume el concepto de la ductibilidad como un factor de la aplicación y de la implicación social del arte, y también el concepto de sostenibilidad en relación al ecosistema de las imágenes y de las formas, Carmelo Hernando es un diseñador ilustrado y un poeta del objeto.


© JOSEP MAÑÀ
© Fundación Caja Rioja
Logroño, 1998
I.S.B.N. 84-89740-13-5
D.L. LR-247-1998

[1] Tomás Maldonado, El diseño industrial reconsiderado, Gustavo Gili Diseño, Barcelona 1993, p.p 19-26.

[2] Edouard Bonnefous, Le Conservatoire National des Arts et Métiers, Paris 1987.

[3] Alexandre Cirici, “Cataluña en la historia del diseño”, Catálogo de la exposición El diseño en España, Ministerio de Industria y Energía, ADGFAD, ADIFAD, ADP, BCD, Barcelona, p.p 155-160

[4] Jean Poitier, Ethnologie Générale, Editions Gallimard, Paris 1968, p.p 731-735.

[5] A. Abós, Diccionario de términos básicos para la historia, Editorial Alambra, Madrid 1982, p. 285.

[6] Pilar Parcerisas “L’objecte en l’art català del segle XX”, AVUI, Barcelona, 17/VI/1992, p. 28.

[7] En este sentido es significativo el término de “mercadería cultural” que ha puesto en uso para denominar al objeto de alto simbolismo y significación. El matiz diferencial y más amplio en relación con el anglicismo merchandising consiste en que éste se refiere a la aplicación de marcas o logotipos sobre soportes diversos.